"La incomprensión del presente nace, fatalmente, de la ignorancia del pasado". Marc Bloch

"La historia es el progreso de la conciencia de la libertad". Hegel

miércoles, 13 de abril de 2011

Revolución de 1830, Revolución de 2011


Hoy no voy a escribir una entrada al uso, tan sólo transcribiré un extracto de Los Miserables, de ese maestro de las letras llamado Victor Hugo, en el que reflexiona sobre la Revolución de Julio de 1830, con el que me he sorprendido por lo mucho que tiene de actual, y me he preguntado hasta qué punto podrían suceder las cosas  en las revoluciones que se están dando en la mayoría de los países del Magreb, si en Egipto, Túnez o Libia ocurrirá tal y como escribe monsieur Hugo que sucedió en Francia en 1830 . Ojalá y no se queden a medio camino, que no engañen a los de siempre. Me tomaré una licencia y no usaré la letra cursiva, ya que el texto es largo y podría resultar pesado a ojos del lector. Dice así:

"La Revolución de Julio tuvo inmediatamente amigos y enemigos en el mundo entero. Unos se precipitaron hacia ella con entusiasmo y alegría; otros le volvieron la espalda: cada uno según su naturaleza. Los príncipes de Europa, en un primer momento, como los búhos de esta aurora, cerraron los ojos, heridos y estupefactos, y no los abrieron sino para amenazar; temor que se comprende, cólera que se disculpa. Esta extraña revolución apenas había sido un choque; no había hecho al realismo vencido ni aun el honor de tratarlo como enemigo y verter su sangre. A los ojos de los gobiernos despóticos , siempre interesados en que se calumnie la libertad a sí misma, la Revolución de Julio había cometido la falta de presentarse formidable y ser tranquila. [...]. 
La Revolución de Julio es el triunfo del derecho derrocando el hecho; una cosa llena de esplendor.
El derecho derrocando el hecho; de aquí proviene el esplendor de la revolución de 1830, y de aquí también su mansedumbre; el derecho que triunfa no tiene necesidad de ser violento.
El derecho es lo justo y lo verdadero.
El carácter del derecho es permanecer eternamente bello y puro; el hecho, aun el más necesario en apariencia, aun el mejor aceptado por los contemporáneos, si no existe sino como hecho, si no contiene en sí más que un poco o nada de derecho, está destinado infaliblemente a ser, con el tiempo, deforme, inmundo y quizá monstruoso. [...]. Esta lucha del derecho y del hecho existe desde el principio de las sociedades; el trabajo de los sabios tiene por objeto terminar el duelo, amalgamar la idea pura con la realidad humana, hacer penetrar pacíficamente el derecho en el hecho.
Pero uno es el trabajo de los sabios, y otro el de los hábiles.
La revolución de 1830 se había detenido muy pronto. 
Tan luego como se calma al llegar a puerto la tempestad revolucionaria, los hábiles se apoderan del buque náufrago.
Los hábiles, en nuestro siglo, se han conferido a sí mismos la calificación de hombres de Estado. [...]. No se olvide, que allí donde no hay más que habilidad, hay, necesariamente, pequeñez. Decir, pues, los hábiles, equivale a decir: las medianías.
Del  mismo modo que decir: los hombres de Estado, equivale algunas veces a decir: los traidores.
A creer a los hábiles, las revoluciones, como la de julio, son arterias cortadas, y es preciso hacer pronto la ligadura. El derecho proclamado en toda su grandeza, estremece; y una vez afirmado el derecho, es necesarios afirmar el Estado; asegurada la libertad, es preciso pensar en el poder.
En esto, los sabios no se separan aún de los hábiles, pero principian a desconfiar. El poder, sea; pero ante todo, ¿qué es el poder? Y después, ¿de donde viene?.
Los hábiles aparentan no comprender la objeción, y continúan su maniobra.
Según estos políticos, muy ingeniosos para cubrir las ficciones de que pueden aprovecharse con una máscara de necesidad, lo que primero hace falta a un pueblo, después de una revolución, cuando este pueblo forma parte de un continente monárquico, es proporcionarse una dinastía. De este modo, dicen, puede tener la paz después de la Revolución; es decir, el tiempo necesario para sondear las llagas y reparar su casa. La dinastía oculta los andamios y cubre los hospitales de sangre. [...]
Tal es la teoría de los hábiles.
Éste es, pues, el arte sublime: hacer que un acontecimiento suene algo a catástrofe para que los que se aprovechen de él tiemblen también, sazonar con un poco de miedo un paso de hecho, aumentar la curva de la transición hasta retardar el progreso, endulzar la obra, denunciar y disminuir los preparativos del entusiasmo, cortar los ángulos y las uñas, acolchar el triunfo, arropar el derecho, rodear al gigante pueblo de franela y meterlo en cama enseguida, imponer dieta a este exceso de salud, tratar a Hércules como convaleciente, desleír el acontecimiento en el expediente, ofrecer a los ánimos sedientos del ideal este néctar con tisana, tomar sus precauciones contra el éxito demasiado grande, guarnecer con una pantalla.
En 1830 se practicó esta teoría, aplicada ya en Inglaterra en 1688.
La de 1830 fue una revolución detenida a media playa; progreso a medias; semiderecho. Pero la lógica ignora el casi, absolutamente lo mismo que el sol ignora que haya velas.
¿Y quién detiene la revolución a media playa? Esa parte de la clase media compuesta de los que de nada se han hecho algo, y miran sólo a su conservación.
¿y por qué?
Porque esta clase media es el interés satisfecho; ayer era el apetito, hoy es la plenitud, mañana será la saciedad..."


Fuentes:
Hugo, Victor. Los Miserables. Ed. Planeta, 2008.

martes, 5 de abril de 2011

La emancipación de la mujer y su papel en la Primera Guerra Mundial


La Primera Guerra Mundial (1914-1918), tuvo unas características que hicieron de ella una guerra diferente, dándose unos hechos hasta entonces nunca vistos. Uno de ellos fue la reestructuración y orientación total de la industria civil hacia lo militar, ya que las reservas del ejército fueron insuficientes para sostener un conflicto que parecía no tener fecha de caducidad. En tan sólo dos meses de combates, el ejército francés agotó su munición para la artillería pesada, y los medios de transporte y armamento necesario para el resto de ejércitos comenzaban a escasear. Además, el hecho de movilizar enormes ejércitos (65 millones de soldados entre todos los contendientes) provocaba que la retaguardia quedara huérfana de mano de obra, por lo que hubo que recurrir a la mujer para mantener la producción. 430.000 mujeres francesas y 800.000 británicas pasaron de ser doncellas y amas de casa a obreras asalariadas. Este hecho supuso toda una revolución para su situación, ya que no sólo afectó al sector industrial, trabajos tradicionalmente masculinos fueron ocupados por la mujer, y pronto fue habitual ver a camareras, secretarias y conductoras de tranvía. El peso que iba adquiriendo la mujer en el mundo laboral trajo mejoras en su situación. En 1915, el gobierno francés aprobó una ley en la que se establecía un salario mínimo para aquellas mujeres que compaginaban las tareas domésticas con su labor en la industria textil. Además, se dieron intentos de equiparación entre hombre y mujer. Siguiendo el ejemplo del sector textil francés, en 1917 se decretó que tanto el hombre como la mujer tendrían derecho al cobro de una paga por pieza elaborada.

Emmeline Pankhurst
A pesar de estos logros, el rol de la mujer no era, ni de lejos, equiparable al del hombre. En algunos países, la emancipación estaba algo más avanzada, y es en estos años cuando el feminismo, surgido a finales del siglo XIX, cobra fuerza. Entre las figuras más destacadas del movimiento está Emmeline Pankhurst. Esta aristócrata británica y fundadora de la Liga en favor del Derecho al Voto de la Mujer logró dicho objetivo en 1918 para las mujeres mayores de treinta años, no sin antes pasar por la cárcel y ser obligada a comer durante una huelga de hambre. Al inicio de la guerra, las feministas lideradas por Pankhurst y las estadounidenses ubican su postura respecto a la guerra del lado de la intervención, pues para ellas suponía un lastre en la lucha por lograr sus objetivos la idea insidiosa de que por el hecho de ser mujer fueran pacifistas, y por ello con esa postura demostraban carácter y determinación política.

En el centro, Garrett Fawcett
En una línea más moderada, Milicent Garrett Fawcett también lideró a las sufragistas británicas desde su organización Unión Nacional de Sociedades de Sufragio Femenino, que llegó a contar con más de cien mil afiliadas. Para Fawcett, el papel tomado por la mujer en esta guerra había demostrado que estaba de sobra preparada para el trabajo cualificado, y criticó con vehemencia a los retrógrados que pensaban que el salario de la mujer era sólo un complemento de la fuente principal de ingresos, el salario del marido.

El esfuerzo de estas mujeres permitió que la mujer se librara poco a poco de la esclavitud milenaria a la que estaba sometida, dejando de ser un ciudadano de segunda categoría y conseguir una serie de derechos inalienables que la equiparaban al hombre. Así, podríamos resumir sus reivindicaciones en estas palabras de Fawcett:

"...libertad de entrada a las industrias y oficios cualificados y las oportunidades para un mejor formación profesional, además de la organización de las mujeres en sindicatos, o en los de los hombres, o en los suyos propios, y el poder político, es decir el sufragio femenino para apoyar sus reivindicaciones industriales...".

Fuentes:

Marías, Julián. La mujer en el siglo XX. Alianza Editorial, 1997.
Astorri, Antonella y Salvadori, Patrizia. Atlas ilustrado de la Primera Guerra Mundial. Ed. Susaeta, 2002. 

viernes, 1 de abril de 2011

Alcatraz, una fuga imposible


La famosa isla de Alcatraz se encuentra en la bahía de San Francisco, California. Fue descubierta  en 1775 por el explorador sevillano Juan Manuel de Ayala que, bajo órdenes del virrey Bucareli, inspeccionó la zona norte de California para un posible asentamiento. La gran cantidad de alcatraces que anidaban en la isla, hizo que Ayala la bautizara como la "Isla de los Alcatraces". Dos siglos más tarde, en 1934, siendo la isla plenamente estadounidense, el Departamento Federal de Justicia inauguraba una cárcel de máxima seguridad donde albergar a los mafiosos y asesinos más peligrosos del país. Durante 29 años, hasta 1963, año en el que quedó clausurada como penitenciaría, fue alimentándose el mito de la prisión gracias a  los múltiples intentos de fuga, motines y a los famosos gángsters que por ella pasaron, como Al Capone o Machine Gun Kelly y otros reos ajenos a la mafia, como el famoso Pajarero de Alcatraz, Robert F. Stroud. Concretamente, se produjeron catorce intentos de fuga, ocho asesinatos y cinco suicidios, pero en la presente entrada nos centraremos en los presos que intentaron, con éxito dispar, la evasión de la cárcel más famosa del mundo, y que hoy en día gracias a ellos se ha convertido en uno de los lugares más visitados de San Francisco.

Ficha de ingreso de J. Bowers
En 1936, dos años después de la inauguración de la cárcel, se produjo la primera tentativa de fuga, de la mano del recluso Joe Bowers, quien ingresó en prisión el 4 de Septiembre de 1934. Enseguida dio muestras de su incapacidad para adaptarse a las estrictas normas de Alcatraz, a lo que habría que añadir un mal estado de salud mental. Un mes antes de su fuga, se le asignó la dura tarea de clasificar metales y quemar residuos en la incineradora de la prisión, muy próxima a la orilla, trabajo muy impopular entre los reos, ya que eran muchas las horas que pasaban en soledad sufriendo las inclemencias del tiempo y viendo como, a tan solo unas metros de distancia, no dejaban de pasar barcos turísticos que recordaban los tiempos de libertad. En un arrebato, Bowers intentó saltar la zanja metálica que le separaba del mar, por lo que el vigilante le disparó y su cuerpo cayó al suelo sin vida. Sin embargo, algunos testigos afirmaron que no intentaba huir, sino que pretendía alimentar a una gaviota posada en la verja.

Doc Baker
El 13 de Enero de 1939 cinco presos, Doc Baker, Dale Stamphill, William Martin, Henry Young y Rufus McCain intentaron la fuga a través de la unidad de aislamiento, donde rompieron los barrotes de la celda. Lograron salir por la ventana sin despertar sospechas e incluso alcanzaron la orilla oeste. Sin embargo, los guardias apostados en ese lado de la isla los avistaron. Fueron avisados de que había armas apuntándolos, por lo que Martin, Young y McCain desistieron de la huida, pero Stamphill y Baker se negaron a rendirse, por lo que fueron tiroteados. El primero murió en el acto y Baker días después en el hospital.

John Giles
Otro intento de evasión fue el perpetrado por John K. Giles en 1945. En la lavandería de Alcatraz, donde Giles trabajaba, los presos recibían y lavaban los uniformes del ejército, llevados hasta allí en barco. Pacientemente, Giles fue robando las distintas prendas de un uniforme de sargento hasta que lo compuso al completo y pudo infiltrarse en el barco militar que transportaba la ropa. Su desgracia fue que uno de los oficiales del barco lo descubrió, y en un intento desesperado, simuló estar tomando notas para comprobar el estado de unos cables, pero el oficial no cayó en la trampa y fue encarcelado de nuevo.

Frank Morris
La última fuga de Alcatraz fue la más famosa, gracias a que fue brillantemente llevada al cine por Don Siegel en la película Fuga de Alcatraz (1979), en la que Clint Eastwood daba vida al reo Frank Lee Morris. La fuga de Morris fue preparada conjuntamente con Allen West y los hermanos Clarence y John Anglin. Cada uno logró hacer un agujero en su celda a través del hueco del respiradero. Además, se las ingeniaron para fabricar una balsa, chalecos salvavidas y unas cabezas hechas con pelo de la barbería y cartón, que pondrían en sus camas para confundir a los guardias durante la noche. El 11 de Julio de 1962, ejecutaron el plan, huyendo por los agujeros, que daban al pasillo de mantenimiento, pero sin West que no pudo salir, quizás por miedo, de su celda. A través de allí accedieron al sistema de ventilación, y de ahí al tejado desde donde bajaron al suelo por unas cañerías. Una vez saltadas unas vallas lograron llegar a la orilla, donde inflaron la balsa y se adentraron en el mar. Lo que pasó después jamás se supo. ¿Murieron ahogados? ¿Fueron devorados por los tiburones? ¿Llegaron sanos y salvos a la costa?. Quién sabe, la fama de esta huida está precisamente en su misterioso final, y quizás el bueno de Frank esté riéndose de todos desde el sofá de su casa, tan feliz.

Fuentes:

Forssman, Alec. Prisioneros de Alcatraz. Vivir entre rejas en "La Roca". Historia y Vida, num. 475, Octubre 2007, pp 88-93.

Páginas Web:

http://www.alcatrazhistory.com

domingo, 27 de marzo de 2011

Vitruvio, el arquitecto de Roma


Más que aspectos estrictamente biográficos, que son escasos y de difícil verificación, la presente entrada irá dirigida a las aportaciones de Vitruvio en materia de arquitectura, que sí son importantes y cuantiosas, mediatizando todo lo escrito y edificado posteriormente, en la Edad Media, el Renacimiento, etc., incluso en la actualidad, pues su obra es considerada como una de las más influyentes de la historia de la arquitectura. No obstante, no está de más ubicar a Vitruvio en el tiempo, entre la época de Julio César (49 a.c.- 44 a.c.) y Octavio Augusto (27 a.c.- 14 d.c.), y en el espacio, Roma. Por desgracia, de las construcciones romanas que aún se mantienen en pie no se tienen documentos que permitan que alguna podamos adjudicarlas a su autoría. Tan sólo podemos atribuirle, aunque no ha sido demostrado, la basílica de Ordona al norte de Italia, ya que en su obra De Architectura, de la que hablaremos ahora, realiza una descripción pormenorizada de una basílica que coincide con la de Ordona a la que el llama basílica de Fanum que, curiosamente, es otra colonia romana en la que no se ha encontrado una basílica como la descrita por Vitruvio.

Restos de la basílica de Ordona
En cuanto a la citada De Architectura, escrita expresamente para el emperador Augusto, su importancia no sólo radica, como hemos dicho, en su posterior influencia, pues hay que añadir un hecho que la hace una obra excepcional, y es que es el único tratado sobre arquitectura de la Antigüedad que se conoce y conserva hasta la fecha. Se encuentra dividido en diez partes, cada una tratando un tema específico. En el libro I teoriza sobre la arquitectura en sí y algunos aspectos en los que el arquitecto ha de hacer hincapié. Es aquí cuando Vitruvio dice que la base de la arquitectura se sustenta en la utilitas, firmitas, venustas, es decir, utilidad, firmeza y belleza. En los libros siguientes también habla, por ejemplo, de los materiales más idóneos para la construcción, como es el caso del libro II o, concretamente en el III, sobre la disposición de los templos consagrados a los dioses inmortales. Sin embargo, este tratado deja entrever no sólo una serie de disposiciones prácticas, sino también reflexiones en torno a la simetría y la proporción del cuerpo humano e, incluso, la música aplicada a la arquitectura, plasmadas en consideraciones similares a la siguiente:

"Ningún templo puede presentar una razón en las composiciones de la simetría y la proporción, al modo como hay una exacta razón en los miembros de un hombre bien formado".

Para Vitruvio, cada miembro del cuerpo son partes proporcionadas al todo y podrán medirse mediante una unidad mínima llamada palmus, que equivale a un dedo, y cuatro palmus serían un pie. La palma de la mano tendría 3/5 partes del pie y la cabeza tres palmus. Este cuerpo ideal debería medir veinticuatro palmus. No obstante, la proporción vitruviana no estuvo exenta de opiniones contrarias. En el siglo XVIII, José Ortiz y Sanz alegaba la imposibilidad de que el cuerpo humano midiera ocho cabezas y, a su vez, desde lo alto del pecho hasta la coronilla fuera 1/6 parte de la altura del hombre. De hecho, Leonardo da Vinci anteriormente se tomó algunas licencias en su famoso hombre de Vitruvio, al considerar un pie como 1/7 de la altura del hombre, y no 1/6 como indicaba Vitruvio. Por último, en el libro X también dejaba constancia de su conocimiento en materia de maquinaria civil y armamento bélico. Suyas son algunas aportaciones  muy influyentes a lo largo del tiempo, como el molino hidráulico vertical de paletas, usado durante siglos en Europa occidental y América.

Fuentes:

Glez. Moreno-Navarro, José Luis. El legado oculto de Vitruvio. Ed. Alianza Editorial, 1993.
Wheeler, Mortimer. El arte y la arquitectura en Roma. Ed. Destino, 1995.

sábado, 19 de marzo de 2011

El templo de Diana de Emérita Augusta


En el corazón de la colonia romana de Emérita Augusta se alza sobre su podium, imponente, el templo de Diana. Esta errónea denominación, popularmente acuñada tras siglos de tradición, tiene su origen en las conclusiones tomadas por el historiador de la ciudad, don Bernabé Moreno de Vargas, recogidas en su obra Historia de la ciudad de Mérida, que salió a la luz en 1633. Tras llevar a cabo sus propias pesquisas, don Bernabé, hombre erudito con inquietudes en materias históricas, arqueológicas y de un profundo conocimiento bibliográfico, habló del templo en la citada obra de la siguiente manera:

"...adonde ahora están las casas de D. Alonso Mexía de Prado, caballero de la orden de Santiago y señor de la villa de Villa-Mejía, fundaron los romanos un insigne templo a la diosa Diana. Porque a imitación de aquel famoso de Epheso, contado por una de las siete maravillas del mundo, le edificaron otros muchos en Roma y en las colonias del imperio y este de Mérida, dice el obispo Mondoñedo, que fue muy suntuoso, y lo manifiestan las columnas que hoy tiene de altor de 30 varas cada una, por cuya causa es llamado aquel sitio la Casa de los milagros, como lo fue el otro de Epheso."

Grabado del templo de A. Laborde (1791)
 Hoy, la información arqueológica que conocemos, como que su emplazamiento estuviera en el centro del foro municipal, los hallazgos en los alrededores de una inscripción que hacía referencia a Publius Atennius Afer, flamen augusti, una esfigie del genius Senatus y una estatua cultual de un emperador, posiblemente Claudio, nos permiten asegurar que no se trata de un templo dedicado a Diana, como el templo de Éfeso que cita Moreno de Vargas, sino más bien un templo para rendir culto al emperador.
Como se entiende en el texto arriba citado, el templo fue ocupado en el siglo XVI por una familia nobiliaria que aprovechó sus columnas para edificar su hogar, conocido como el Palacio de los Corbos. Como bien señala Álvarez Martínez en su artículo "El templo de Diana", fue gracias a la contrucción de dicho palacio lo que permitió que llegara hasta nuestros días la estructura del edificio en condiciones tan notables.


 En lo que a su arquitectura se refiere, estamos ante un templo de planta rectangular, períptero, con seis columnas en la fachada (hexástilo) y once en sus lados de mayor longitud, con capiteles de estilo corintio, que reposan sobre un podium de 3,23 metros de altura. Los sillares empleados en su edificación son de granito, material extraído en las canteras cercanas al embalse de Proserpina, y se cubrían con una fina capa de estuco. El frontón estaba formado por un arco de descarga en el tímpano, a su vez compuesto por dovelas de granito, que recuerda en buena medida al de Augustóbriga (Talavera la vieja, Cáceres). El templo se hallaba inserto en un espacio rodeado por un pórtico, del que todavía se percibe parte de su muro, formando un escenario de carácter sacro, ajardinado y con dos estanques en sus laterales. Los estudios realizados en sus cualidades arquitectónicas han permitido fechar el templo en época de Tiberio (14 d.c.- 37). 
En los últimos años, el templo estaba aislado tras un vallado que impedía su inserción en el entramado urbano, pero recientes reformas han recuperado el espacio público donde se encontraba, tomando de nuevo el papel preeminente que con justicia le correspondía y así, ser disfrutado por turistas y emeritenses.

Fuentes:

Álvarez Martínez, José María y otros. Conjunto Arqueológico de Mérida. C.M.E., S.A. - Diario HOY, 1994.
Moreno de Vargas, Bernabé. Historia de la ciudad de Mérida. Diputación de Badajoz, 1992.

martes, 8 de marzo de 2011

Las sagas de los tiempos antiguos

Odd Flechas y Hjálmarr
Dentro de la literatura de la Islandia medieval, las Eddas y las sagas son las obras que más aceptación han tenido tanto para especialistas como para el público. Las sagas eran narraciones escritas entre los siglos XII y XIV y normalmente anónimas, que describen hechos extraordinarios de un individuo o una familia. Podemos encontrarnos diferentes tipos de sagas en función de los personajes, la época en la que son ambientadas y los acontecimientos que reflejan. Así, nos encontramos las sagas de reyes, las sagas de islandeses, las sagas de obispos, las sagas de caballería y las sagas de los tiempos antiguos.

Las más antiguas conocidas son las sagas de los reyes (konungasögur), recopiladas en la Heimskringla de Snorri Sturluson (siglos XII y XIII), donde recoge el pasado glorioso y legendario de los reyes noruegos.
En cuanto a las sagas de los tiempos antiguos (fornaldarsögur), se caracterizan por narrar hechos acaecidos en los primeros momentos de la historia de los pueblos escandinavos. Este periodo es díficil de fechar, pero podemos intuir que se encuentran enmarcadas entre las primeras migraciones de los pueblos germánicos (siglos V y VI) y el inicio de la colonización de Islandia (siglo IX). Estas sagas ya eran conocidas por transmisión oral en el siglo XII, sin embargo, datar el  momento en el que fueron transcritas resulta más complejo.

En su obra Literaturas germánicas medievales (1966), Jorge Luis Borges se refiere a estas sagas de la siguiente manera:

"...su valor histórico es nulo; buscan la fantasía y la acumulación romántica de aventuras. Un rey de Noruega confesó que tales sagas embusteras le parecían las más divertidas."

Odín
Ciertamente, estas sagas arcaicas tienen un carácter más hagiográfico que histórico, y reflejan los aspectos heroicos de los antiguos pueblos germánicos y su componente épico y trágico.
Por otra parte, todas comparten una serie de características comunes. Los protagonistas no son originarios de Islandia, ya que sus peripecias están enmarcadas temporalmente en un periodo anterior a la colonización de la isla. Suelen ser noruegos, aristócratas o próximos a familias nobiliarias. También podemos ver como los personajes mantienen relaciones de parentesco y muchos protagonizan su propia saga. Es el caso de Odd Flechas, Ketil Trucha, Án el Arquero o Grím Mejillas Peludas, todos pertenecientes a un mismo linaje y cada uno protagonista de una saga, llamadas conjuntamente las sagas de los hombres de Hrafnista.
Otra pauta frecuente en las sagas es la aparición de seres fantásticos que se enfrentan a nuestros héroes, como trolls, gigantes, dragones, etc. Para vencerlos, recurrirán a armas con poderes mágicos. Así, en la saga de Odd Flechas, nuestro héroe, Odd, usará unas flechas mágicas para vencer a sus enemigos, y sus vestimentas le protegerán contra todas aquellas armas fabricadas en hierro. A menudo, los héroes también recibirán ayuda de los dioses para llevar a cabo su misión. Sin embargo, un claro ejemplo  de lo opuesto sería la saga de Hrolf Kraki. Éste despreciará la valiosa ayuda de Odín, por lo que irá desprendiéndose de sus virtudes caballerescas, cayendo en una espiral de destrucción hasta su fatal desenlace.

Por último, la razón por la que fueron escritas las sagas arcaicas radica en la glorificación y el fortalecimiento del prestigio nobiliario. Al mitificar las hazañas de los reyes antiguos, los aristócratas islandeses de los siglos XII y XIII se hacían distinguir, introducían el modelo caballeresco en Islandia y justificaban así su poder, pues se autoproclamaban los herederos de estos legendarios personajes, originándose una literatura conocida como Materia del Norte, con el mismo propósito y a la manera de la de Bretaña, centrada en el mito artúrico  y a la de Francia, en torno a la figura de Carlomagno y el caballero Roldán.

Fuentes:

Borges, Jorge Luis y Vázquez, María Esther. Literaturas germánicas medievales. Alianza Editorial, 2000.
García Dual, Carlos (dir.). Sagas islandesas. Saga de Odd Flechas. Saga de Hrolf Kraki. Ed. Gredos, 2003.

martes, 1 de marzo de 2011

¿Cuál es el origen del Carnaval?

El Carnaval contra la Cuaresma, Brueghel el joven (XVII)

La celebración del carnaval hunde sus raíces en la tradición cristiana medieval. Sin embargo, el germen de estas festividades se encuentra en ritos paganos que tienen que ver con el hecho de disfrazarse y travestirse y, como otras tradiciones, la Iglesia irá moldeando ante la incapacidad de prohibirlo, debido al grado de aceptación en todos los estratos de la sociedad. Es, por tanto, que el verdadero origen es incierto, aunque muchos historiadores lo han relacionado con las Lupercales romanas.
Etimológicamente, carnaval proviene del latín carnelevare, cuyo traducción sería "quitar la carne". El término alude al Miércoles de Ceniza, día en el que se inicia la Cuaresma, según los calendarios litúrgicos católico, anglicano y protestante, que son cuarenta días de reflexión y penitencia para el creyente hasta el fin de la Semana Santa.
Los tres días anteriores al Miércoles de Ceniza serán los dedicados al Carnaval, en los que la libertad, la burla, la risa y el misterio conforman una fiesta de desenfreno y excesos que precederán a la austeridad cuaresmal.
En España, hay lugares en los que el carnaval comienza con anterioridad, siete días antes del Miércoles de Ceniza, el Jovelardero o Jueves Lardero (del latín lardum, tocino), en el que se celebra un festín carnal, repleto de chorizos, longanizas, butifarras... El momento en que finalizan las fiestas será con el conocido Entierro de la sardina, cuyo origen se remonta a los siglos XVIII y XIX.

Grabado del siglo XIX
Durante el reinado de Felipe IV (1621-1665), prohibió a los cortesanos del Palacio del Buen Retiro participar en el carnaval sin máscaras. Sin embargo, la celebración quedó supeditada a las injerencias de la Iglesia, llegando a prohibirse algunos años. Con Carlos III (1759-1788), el carnaval de máscaras estuvo permitido, pero siempre bajo el rigor y refinamiento de las normas y el buen gusto, resultando la antítesis del carnaval popular, más informal, variado y libre de la mojigatería burguesa.
En el siglo XIX, los carnavales siguen en vigor. Murgas, comparsas masculinas y femeninas y estudiantinas se concentran en las plazas de las ciudades para trazar un recorrido por las calles más importantes. Los días preferentes para el pueblo serán el martes de carnaval y el Miércoles de Ceniza, con el Entierro de la Sardina.
Esta tradición se verá truncada con la Guerra Civil (1936-1939), momento en el cual se suspenden los carnavales con una orden del BOE del 5 de febrero de 1937 que dice así:

"En atención a las circunstancias excepcionales porque atraviesa el país, momentos que aconsejan retraimiento en la exteriorización de las alegrías internas, que se compaginan mal con la vida de sacrificios que debemos llevar, atentos solamente a que nada falte a nuestros hermanos que velando por el honor y salvación de España luchan en el frente con tanto heroísmo como abnegación y entusiasmo, este Gobierno General ha resuelto suspender en absoluto las fiestas de Carnaval".

Con la dictadura franquista (1939-1975), los Carnavales estarán en algunos puntos de la península prohibidos o censurados. Tal es así que, en Cádiz, por ejemplo, se llegó a denominar el carnaval como "Fiestas típicas gaditanas", exento de disfraces y máscaras pero sí con pasacalles, cabalgatas y reina de las fiestas. Paulatinamente, la censura se fue suavizando, permitiendo en los 50 y 60 el disfraz pero no la máscara. Con la llegada del periodo democrático, el Carnaval, lejos de languidecer,  recupera el esplendor de antaño, con algunos considerados de Interés Turístico Internacional como el de Cádiz o Sta. Cruz de Tenerife, y otros de Interés Turístico Regional, como el de Badajoz o el Carnaval herenciano.

No obstante, el carnaval traspasa las fronteras del catolicismo, alcalzando también al mundo anglosajón, en su mayoría protestante. Así, nos encontramos en Estados Unidos el famoso Mardi Gras, celebrado en la ciudad de Nueva Orleans, Louisiana. Se tiene constancia del Mardi Gras desde 1699, aunque se celebra  de manera continuada desde 1743, con la excepción de los años de la Guerra de Secesión y la Segunda Guerra Mundial. Inicialmente, sus carrozas y desfiles recorrían el Barrio francés y, sobre todo, la calle Bourbon, pero el turismo y desfiles cada vez más numerosos obligaron a trasladarlo a zonas más espaciosas como Jefferson Parish. Las cofradías del Mardi Gras organizan los famosos desfiles, tienen su propia jerarquía y construyen sus propias carrozas, disfraces y van lanzando durante el desfiles todo tipo de baratijas: collares, tazas, medallones, etc.

Por otra parte, cómo no mencionar el carnaval más famoso del mundo, el de Río de Janeiro. En el las escuelas de samba, que representan a los distintos barrios de la ciudad, desfilan anualmente por el sambódromo, y en cada carnaval se elige cual ha sido la mejor de todas.  Cada escuela de samba tiene su propia composición, divididas en alas, y con unos atuendos característicos. Además, cuentan con compositores, coreógrafos y animadores que hacen bailar y cantar al público y, en función de ello, recibirán mayor o menor puntuación.
Además, también encontramos los denominados blocos, desfiles callejeros que participan al inicio y al final del carnaval, dividiéndose en varios tipos: enredo, sujo, embalo y clubes de frevo.

Y de este modo finalizan unas fiestas que, cada vez más alejadas de lo religioso y libradas del lastre de las prohibiciones, van alejándose cada vez más de su original significado, fruto de épocas pasadas, pero manteniendo la esencia y espíritu del carnaval, es decir,dejar de lado la realidad por unos días de ensueño y en los que el disfraz nos libera incluso de nosotros mismos.

Fuentes:

Tenías, Javier. "El carnaval y la máscara en la historia de España". Historia de Iberia Vieja, num. 68, 2011, pp 69-75.

Páginas Webs:

http://www.virtualmuseum.ca/Exhibitions/Festiva1/sp/lsm/
 
http://www.losmejoresdestinos.com/destinos/rio_de_janeiro/rio_carnaval.htm

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